Casa Primera, Casa Séptima

Extraído del nuevo libro  "Vademécum dell’Astrologia individuale"

 

de Carla Pretto

traducción: Isabel Jiménez Martín

La cúspide del Ascendente, que se calcula en base a la fecha de nacimiento, y sobre todo a la hora, señala el inicio de la casa primera, de donde parte el desplazamiento de todas las otras casas: es como si en ese instante, marcado por el nacimiento del individuo, se hiciera su fotografía que queda inmutable y en la que, tratándose del retrato astral, es posible leer las simbologías e interpretar con detalle las características de su personalidad, que influirán en su vida, empezando precisamente de como ha venido al mundo.

Cuando se habla de Aries, se describe su propensión a la creatividad , gracias a la presencia de la tríada Marte-Sol-Plutón que, co-significanción, encontramos también en la casa primera. Gracias al análisis de los aspectos que forman estos planetas , independientemente de las casa en las que estén situadas, que se llega al tipo de nacimiento, a la facilidad o dificultad con que ha venido al mundo. Si hay traumas, marcan una actitud psicológica y comportamental que quedará para siempre en su ánimo. Así pues, en la primera casa se asiste al corte del condón umbilical y por lo tanto al nacimiento de la persona y del Yo.

Este Yo-Sol que se encuentra al lado de Marte, la impetuosa energía exterior, y a Plutón, el Ello, se manifiesta sólo de manera caótica, siguiendo los impulsos que lo estimulan a satisfacer sus necesidades y a conseguir sus propios placeres. Y no podría ser de otra manera: de echo, el bebé para nacer necesita una gran energía vital , así como una gran voluntad, que le permitan obtener sus esenciales necesidades de supervivencia.

En el mismo grado del Ascendente, en oposición, se encuentra el Descendiente que traza la casa séptima , la cual a demás de presentar al Yo-Sol y al Superyó Saturno afirma que existe un mundo externo, donde es necesario respetar las reglas. Aunque si esto viene suavizado de la afectividad, simbolizada por Virgo y de la protección visceral dada por X; el Yo, a pesar de que en esta fase es mayormente tolerante al Ello, tendrá que tenerlo en cuenta a medida que va creciendo, intentando meter de acuerdo a dos exigentes patrones: el Superyó y el mundo externo, elaborando y perfeccionando el propio sentido de la realidad. Tarea no fácil, ya que las exigencias de estos dos señores son frecuentemente contrastantes y el Yo-Sol se siente a su vez aplastado, amenazado de varios peligros a los que responde desarrollando un sentido de angustia. De aquí su fragilidad que se advierte mayormente en la casa primera, donde el Yo es instigado por Marte, la energía agresiva, y por Plutón, el Ello, a satisfacer sus deseos instintivos y vive como represiones dolorosas las frenantes exigencias del Superyó en obsequio a la exigencia del mundo externo. Basta pensar a las reacciones violentas, con lagrimas y gritos ensordecedores del infante en las ceremonias, sin olvidar que la mayoría de las veces son organizadas exclusivamente para él , como por ejemplo el Bautismo, o ante las prohibiciones que le ponen sus padres, riñéndole o impidiéndole hacer todo lo que quiera.

Es un conflicto bastante duro, lo simbolizado por estas dos casas porque si en la casa primera el Yo-Sol se acentúa gracias al soporte de Marte - agresividad - voluntad y de Plutón - el Ello- energía lívida, de la opuesta casa séptima un severo Superyó, representado por Saturno, le impone los criterios morales, los valores tradicionales y las reglas de la sociedad; es decir el sentido del deber y la búsqueda de la perfección que presupone la anulación de la satisfacción del placer. Estos principios se transmiten en primer lugar a través de los padres, con enseñanza, castigos y recompensas y el mecanismo se repetirá sucesivamente con las personas queridas, con los amigos y con las instituciones que le sustituirán.

Sin embargo el Superyó-Saturno recompensa al Yo-Sol, que obediente se adecua garantizándole estabilidad y el logro de las metas que el individuo se pone; posibles gracias al fuerte sentido de la realidad que el Yo ha adquirido.

Por último virgo en su simbología de afectividad, lo compensa, permitiéndole conocer personas con las que instaurar relaciones de amor y /o de amistad profunda.

La casa séptima, enésimo trayecto obligado, nos indica que en esta casa como en la primera se produce el corte de otro cordón umbilical, aunque si en de forma menos violenta, más razonable: el individuo, fuerte de la coraza de sustentación que se ha creado el Superyó alrededor del Yo-Sol, ha crecido psicológicamente estructurado, así como autónomo económicamente y por lo tanto preparado a independizarse de la familia de origen para formar una propia.

En esta casa el sujeto realiza, entre las personas con las que se relaciona, una escrupulosa selección, basada en criterios racionales; como quiere Saturno y sobre la afectividad como exige Virgo que le permite elegir sus propias amistades, que serán pocas, profundas y duraderas. La misma selección, unida a la atracción afectiva-estética de Virgo y a la posesiva-sexual perteneciente a X, empuja al individuo a elegir vivir en pareja para formar una familia.

Sólo en estas suposiciones, después de esta trayectoria, el Yo Aries se calma y acepta el equilibrio relacionándose, sobre todo con su pareja, pero para conseguir vencer la angustia de la inseguridad, necesita estipular un contrato como el del matrimonio o, para estar al día, de la convivencia, para asegurarse, que además de adherirse a las reglas sociales, le garantiza ser el único objeto de amor en la vida de su pareja.

Parecido el comino que tomará el soltero, elegirá irse a vivir solo, cortando de este modo el cordón umbilical con la familia paterna. También éste se rodeará de buenas amistades, con las que se sienta apoyado y con las que conozca a otras personas, entre las que podría encontrar su futura pareja o al menos le garantizaría vivir junto a los demás.

© 2023 Carla Pretto