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El artículo publicado
por ASTRA en la publicación dedicada al 2º Congreso Internacional de
Astrología en Campione (Italia) el año 1979
Sucede frecuentemente que una
persona que va a consultar al astrólogo se maraville al oír describir con
precisión el carácter de los padres. Pregunta: “ ¿cómo es posible que
usted hable de mi padre o de mi madre sin haberlos conocido, y sin mirar
sus Cartas Astrales?”
Pregunta muy común de quien es profano en astrología, sin embargo
evidencia un aspecto sustancial de la simbología planetaria: el Sol y la
Luna que representan al padre y a la madre y también a las dos partes del
“ego”, a las dos bases fundamentales de nuestra personalidad, lo que
automáticamente evidencia la importancia que tienen los progenitores en el
esquema de nuestra vida. Hablando de vida, de fenómeno o de misterio
cósmico, es oportuno recordar la última definición de los biólogos: “ser
un ser vivo, significa poder reproducirse”.
El antiguo concepto de “generación” de donde deriva precisamente la
palabra “genitores” (el que engendra), ha sido sustituida por el concepto
de reproducción, y el zodiaco parece confirmar la importancia de este
modelo que se repite condensado en dos únicos símbolos – Sol y Luna – las
dos partes que forman la personalidad individual y la raíz reproductiva de
cuya personalidad ha tenido su origen; es decir, del padre y la madre.
Por instinto, cada uno de nosotros tendría la tendencia a ser la copia de
los padres, como reafirmación de individualidad, indispensable en la lucha
contra la muerte, cada uno de nosotros tiene que construirse un espacio de
acción autónoma. El conflicto entre las dos tendencias crea la
diversificación del comportamiento humano.
Me he propuesto analizar las relaciones entre hijo y padre, así como entre
hija y madre, pero antes de pasar al análisis, querría señalar un fenómeno
que no debemos ignorar: la carta astral revela tanto la realidad objetiva,
como la realidad subjetiva. En suma, revela una situación que puede ser
confirmada tanto desde el punto de vista del observador imparcial como a
través de una situación que puede aparece deformada ante los ojos de las
personas interesadas. Así pues, puede ser que una madre excelente según
las personas extrañas, sea para el hijo o los hijos una madre mediocre.
Junto a la necesidad individual, también tenemos que mencionar cuanto
incide la sociedad, y crean una diferencia sustancial entre las reacciones
del hijo con el padre y de la hija con la madre.
No pretendo hablar aquí de la huella fálica de la historia humana, por
otra parte bastante conocida por todos, sino resaltar los diferentes
matices que adquiere en las relaciones hijo-padre. Identificándose con la
violencia fálica, el ego varonil asume el carácter de precariedad, y se
encuentra en continua búsqueda de reafirmación que esconde fundamental
inseguridad.
La preocupación de impotencia es el resorte secreto del comportamiento
varonil, es también el resorte, no tan secreto, del comportamiento del
padre hacia el hijo, visto sobre todo como el futuro macho, el que llegará
a la virilidad triunfante, cuando el padre llegue al declino. Y aquí la
simbología zodiacal se hace de verdad iluminante, porque Saturno, la fría
vejez que se opone a la vitalidad solar, resume también en si misma los
temidos atributos del poder y nos describe en modo clarísimo la columna de
históricas estructuras sociales: la impotencia senil está protegida y
defendida con el ejercicio de la autoridad. El antiguo jefe de la tribu y
el hoy padre de familia se atribuyen un derecho de vida y de muerte
encaminado a prolongar al máximo el ejercicio de la autoridad.
En la carta astral de un hijo he observado que esta milenaria y latente
voluntad de castración del padre es analizada teniendo en cuenta no
solamente la posición y los aspectos del Sol, sino también los de Saturno.
Si estos dos símbolos se encuentras en relación desfavorable entre ellos,
y sobre todo en el caso de la oposición, se puede diagnosticar, con casi
toda seguridad, la presencia opresiva, autoritaria e intransigente de un
padre dominador. A veces este tipo de padre ha desempeñado en su vida
privada un papel dominante, podrían haber sido un coronel del ejercido, un
político influyente, un cruel capitán de industria. Sin embargo, en otros
casos el padre ha ejercido una función de freno en el desarrollo activo
del hijo, gracias sólo al prestigio, a la propia inteligencia y al propio
encanto personal. No olvidemos el concepto de reproducción al que me
refería hace un momento. El hijo tiende a imitar al padre, a ser su modelo,
a sucederle en su función patriarcal; ahora bien, un hombre débil y
desprovisto de cualidades, corre el riesgo de sentirse totalmente nulo
respecto a la brillante y prestigiosa imagen paterna y podríamos decir que
incluso sin necesidad de la ayuda directa del padre, el hijo seguirá en
tal caso, un proceso de autocastración, que desembocará fácilmente en una
neurosis o enfermedad psicosomática.
Para saber hasta que punto la acción directa o indirecta del padre
castrador tendrá efectos sobre el hijo tenemos que recurrir, antes de nada,
al análisis de los dos símbolos de la sexualidad viril: Plutón y Marte. Si
estos símbolos se presentan muy fuertes y bien sostenidos en la Carta,
excluiremos sin lugar a duda el proceso de autocastración porque el hijo
encontrará pronto certezas, relacionadas no solo desde el aspecto de la
sexualidad, sino también desde el aspecto personal. Por supuesto, siempre
que hayan aspectos negativos Sol–Saturno, no se puede excluir la presencia
de un padre, por voluntad propia, castrador, aunque dentro de ciertos
límites será fácil prever que este padre, con el tiempo, será derrotado o
ignorado. Las disonancias parciales o totales de Marte y de Plutón
acompañadas por el Sol y Saturno negativos, no dejan paso a muchas
esperanzas.
Otro elemento que puede ofrecer ayuda o defensa al hijo contra la opresión
paterna es una buena posición planatarias en la casa décima. Y aquí
discrepo en relación a un viejo prejuicio de la práctica astrológica; es
decir, la identificación de la casa décima con la madre, que aparte de ser
totalmente ilógica, no tiene sentido. La casa décima corresponde a
Capricornio, signo durísimo y, ocupado por el domicilio y la exaltación de
Saturno y de Marte, totalmente viriles. Que quede claro que no tengo
intención de girar la oración, y atribuir la casa décima al padre. No, la
casa cuarta sigue representando a ambos genitores, es en absoluto la casa
Natal, que protege al hijo durante la infancia, la cual está simbolizada
por Luna-Cáncer. La casa décima representa la posibilidad de desarraigarse
del seno familiar para conquistar la propia autonomía. Capricornio que
simboliza la columna vertebral de la que dependen todas las órdenes
motrices, habla claramente de esta capacidad de caminar solo. Es por lo
que una casa décima fuerte, referente al varón, representar la figura
paterna de castrador, será un punto importantísimo para mejorar e impedir
que el proceso castrador aparezca.
Ni que decir tiene que las otras casas contribuyen al perfeccionamiento
del diagnóstico, referente al trato padre-hijo, especialmente respecto a
la posición del Sol porque la figura paterna no siempre es de castrador,
por lo que podríamos encontrarnos con un padre que no está presente física
o moralmente, alejado del hijo (Sol en casa novena), un padre mediocre
(Sol en casa sexta), un padre débil o un padre amigo ( Sol en casa
undécima) y así sucesivamente. Estos análisis más detallados van más allá
del tiempo y del argumento que tengo a disposición porque cuando la figura
paterna se altera o se aleja, casi siempre la figura materna está en el
candelero, aunque si la relación madre-hijo no la trataremos aquí. Sobre
esto insinuaré tan sólo que según mi experiencia, un Sol en casa doce
puede indicar también una figura sustitutiva del padre biológico: Un
padrastro, un tutor, un amante de la madre que ocupa el sitio del marido.
También en lo referente a la relación hija-madre el zodíaco es bastante
elocuente y nos consiente analizar estas relaciones tanto en lo que
respecta al comportamiento individual como desde un punto de vista más
amplio. Por su anatomía la mujer no tiene complejos de castración, que
aparece solamente y en forma vicariante cuando un sujeto femenino es
virilizado por un Marte fuertemente situado en la Carta Astral,
fundamental pues, el antagonismo madre-hija toma características bien
diferentes del antagonismos padre-hijo. Alejada la pesadilla de impotencia
queda el miedo de la incapacidad de seducción porque en el esquema
astrológico femenino el falo Marte es sustituido por Virgo- belleza, por
Virgo-atractivo. Aquí nos presenta la simbología zodiacal una distinción
importante: mientras la figura paterna se puede dividir en Sol y Saturno,
la figura materna se concentra en la Luna, que representa el núcleo de la
feminidad más de lo que el Sol representa la virilidad
Por último la identificación simbólica de la Luna con la infancia, que
lleva a ésta, a los primeros días de vida, al conflicto madre-hija, lo
cual sucede más raramente de cuanto sucede el conflicto padre-hijo. La
influencia materna negativa es menos violeta en apariencia, aunque veces
más mezquina y tenaz.
La diferencia anatómica de los dos sexos ha determinado una diferencia
paralela de comportamiento y de mentalidad que está sólo saliendo ahora a
la luz, escondida durante siglos por unas hábiles arquitecturas censorias.
Aunque si algunos grandes escritores feministas, como Aristofane,
Boccaccio o Ariosto, se dieron cuenta mucho antes que la disponibilidad
sexual del varón es mucho más limitada y vulnerable de la disponibilidad
sexual de la mujer. Esto ha llevado al hombre a hacer de la institución
del matrimonio una defensa, obligando a la mujer a la monogamia, pero
atención, la tendencia natural a la promiscuidad, la cual siempre ha
venido a flote a pesar de las duras sanciones patriarcales, presenta otro
tipo de vulnerabilidad debida a la conciencia, aunque teórica, de la
cantidad de experiencias posibles y de la duración casi ilimitada de la
propia eficacia sexual. De hecho, mientras que el hombre encuentra en la
autocontemplación de los propios vicios viriles una certeza, la mujer para
obtener pruebas de su capacidad de seducción depende de los demás, es por
eso por lo que los aspectos astrológicos negativos, que tocan a la Luna
tratan de seducir la feminidad a través de la figura materna, indican
ciertamente un “complejo de rivalidad” y empujan a estas mujeres a
conquistar “al hombre de otra” en vez de conquistar a un hombre que les
guste de verdad.
La biografía de un hijo moralmente “castrado” hace pensar en la imagen de
un padre duro y autoritario, mientras que la biografía de una mujer
insatisfecha nos reconduce igualmente a la presencia de una madre
simpática y seductora. En resumida cuenta, una madre que ha apagado la
vitalidad de la hija, o ha creado dolorosas frustraciones, sólo por el
hecho de atraer, de estar en el candelero.
Es obvio que hay madres verdaderamente represivas, aquí es muy importante
examinar la posición de la Luna en los signos porque una Luna en Virgo nos
puede presentar una madre estérilmente obsesionada por el orden, y una
Luna en Capricornio puede presentarnos una madre profundamente moralista.
Pero, según mi experiencia, las consecuencias son mucho menos graves que
las relacionadas con la imagen de una madre-Luna en Géminis (perennemente
joven y fascinante) o de una madre Luna en Leo (siempre dominante)
Las posibilidades de recuperación las brindan las posiciones de Virgo y de
X en la Carta Astral. Desafortunadamente, el hecho de que la órbita X – o
“Proserpina” – no se encuentre aún identificada, los astrólogos aseguran
que esto sucederá este año con la ayuda de un cometa, es sólo una
hipótesis, no nos permite un análisis completo de la carta astral bajo
este punto de vista.
Podríamos decir que aspectos buenos de X (por ejemplo un trígono con el
Sol) y de Venus (Un trígono con Júpiter), pueden asegurar a una mujer,
tales pruebas de sus posibilidades eróticas, de hacerle superar cualquier
complejo con relación a la madre-rival. Una fuerte casa décima favorecería
a la hora de conquistar la autonomía, aunque si puede desarrollarse en
campos diversos del afectivo-sexual, dejando muchos problemas de fondo.
Quiero subrayar que la presencia de la Luna en casa décima, más que
favorecer un triunfo femenino, frecuentemente indica una inseguridad
inconstante y confirma la negativa a la integración de la figura materna
desde un punto que se querría ilógicamente atribuir a la madre.
Querría terminar este
breve escrito y por supuesto no exhaustivo, sobre un argumento tan amplio
e importante con un consejo práctico: Bernard Shaw decía que después de
los treinta años cada uno es responsable de la cara que tiene.
Astrológicamente hablando, quien a los treinta años se obstina en culpar a
los padres es responsable de los propios fracasos y de la propia neurosis. |